Un ejemplo de voluntad y persistencia

Nos ha dejado este 4 de abril el compañero Crisóstomo Auñón. Una muy triste noticia para todas aquellas personas que compartimos con él la defensa de la dignidad de las personas. Crisóstomo ha sido un trabajador que a pesar de estar jubilado, jamás renunció a hacer un esfuerzo por un mundo mejor. En estos últimos años compartimos con él, entre muchas causas, la construcción del Frente Cívico en el Bajo Llobregat, la articulación de la Marea Pensionista y la defensa del hospital del Bellvitge, junto al que finalmente se ha despedido de nosotros.

Auñón ha sido un ejemplo de cómo las personas no dejamos de serlo nunca, hasta que damos el último suspiro. Cuando nos jubilamos no dejamos de ser sujetos de derechos y de fuerza para defenderlos.

En mi juventud me tocó luchar con los estudiantes de instituto y de universidad para defender el acceso a una educación pública y de calidad. En nuestra mayor parte aún no trabajábamos, pero contribuimos de manera importante a imponer un sistema democrático frente a la dictadura y abrir la educación a las clases populares. Viví en ese momento grandes experiencias de abnegación, generosidad, valentía, solidaridad… que después en tiempos de desencanto quedaron siempre en mi memoria como modelo de dignidad y de voluntad de lucha por un mundo más justo. Cuando tras los años, algunos abandonaron sus ideales y esperanzas, pensaba que en esa época había conocido la dimensión más noble del ser humano, entre esos estudiantes que se jugaron el pellejo generosamente por los demás.


Pero después de la crisis, con todo el dolor que esta ha comportado, la vida me ha mostrado que en cada esquina te puedes llevar una sorpresa. Tengo que decir que en el movimiento de los pensionistas he vuelto a encontrar una increíble dignidad y generosidad. Gentes que luchan por sus derechos y los de sus hijos y nietos, sin aspirar a ninguna vicaría, liberación o prebenda personal, sino por la dignidad humana, por el deseo de una vida mejor, más libre solidaria e inclusiva. ¿Quién antes del 2008, podía haber pensado que la gente con más achaques y con menos fuerza física, nos iba a dar a todos una lección moral de tal dimensión?

Pero así ha sido. Miles de pensionistas se han ido poniendo en pie y movilizado contra los recortes y la destrucción de las conquistas sociales. Mientras que trabajadores en activo aceptaban que su salario se recortara, mientras que los jóvenes aceptaban emigrar o ver precarizado su inserción en el mundo laboral, miles de pensionistas fueron de los primeros en ponerse en pie y decir basta. La Marea Pensionista ha estado en vanguardia de las marchas de la dignidad, de la lucha por la Renta Garantida, de los recortes en la sanidad y de muchas causas en que nunca falta la camiseta naranja en el paisaje. Ellos nos han mostrado, que por encima de las fuerzas físicas disponibles, lo prioritario es disponer de una clara diagnosis e interpretación de la realidad, para motivarnos en la lucha efectiva para defender nuestros derechos.

Pero esa marea tiene nombres propios, como siempre en todo movimiento social. Nombres propios que para los medios de comunicación quedan en el anonimato, pero para quienes luchamos día a día tienen cara y ojos, nombres y apellidos. En estos años tan duros, en una sociedad en descomposición, son personas de carne y hueso las que alzaron su voz para frenar la retirada de las huestes que debían defender los derechos más básicos. Una de esas personas imprescindibles, de los primeros que salió a la calle para explicar porque debíamos luchar y dar ejemplo de resistencia cívica, fue Crisóstomo.

Durante muchos años ha sido uno de los que siempre estaban, que animaba a continuar cuando éramos unas decenas o cuando éramos miles, que daba ejemplo con su presencia fuera con calor sofocante o bajo la lluvia. Allí estaba en pie con su pancarta, con su pegatina, con su sonrisa.

Nos has hecho la mala jugada, a nosotros y a tu compañera Pilar, de dejarnos solos frente a nuestros enemigos. Pero tu ejemplo y ánimo seguirán presentes en las luchas que seguiremos dando, sin doblar la cabeza, sin perder la sonrisa, sin olvidar tu voz recia que nos animaba a seguir adelante...

¡Hasta siempre compañero!